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La Coctelera

estrada182000

13 Septiembre 2006

2000 y 2006

2000 y 2006
Luis F. Aguilar

La democracia federal que va a funcionar es la de un Presidente activo que no sólo propone y espera lo que los legisladores dispongan . . . . . también se exige un Congreso activo, que entiende la improductividad de los belicismos excluyentes entre las fracciones . . . .

Poco se parece el segundo acto de la democracia nacional al primero, el del 2000, el año de la democracia bonita y fácil, cuando medio mundo no cabía de contento, aplaudíamos la actuación impecable del IFE y del Tribunal y nos sentíamos orgullosos de ser ya una democracia. En la euforia, no se le dio crédito al candidato Labastida que había reconocido estoicamente su derrota sin llamar a sus seguidores a cuestionar los resultados ni tampoco al presidente Zedillo cuando se apresuró a reconocer al vencedor y celebrar las elecciones democráticas nacionales. Habrán sido contados los que en la noche de aquel 2 de julio no se sintieran miembros del equipo ganador y no hicieran cálculos tan eufóricos como candorosos sobre el futuro político y social del país.

Ahora sí, con el PRI fuera de Los Pinos y con un hombre honesto, franco y visionario que viene de la sociedad económica, civil, apoyado por un partido de virtudes cívicas ejemplares, el país iba a dar el salto a la sociedad y economía del primer mundo. El supuesto axiomático del 2000 era que el gobierno democrático poseía capacidades directivas superiores debido a que habían sido removidos los gobiernos priistas, los causantes de los males nacionales, y porque la Presidencia elegida gozaba de la aceptación y confianza social, de modo que estaba en condiciones de resolver por sí misma los problemas sociales que desgraciaban la vida de millones de consocios e impedían nuestro vuelo al primer mundo. Además contaba con un gabinete de gente honrada, bien intencionada, diligente, inteligente, los mejores hombres y mujeres de México, reclutados con los métodos de selección de los altos ejecutivos privados. El Presidente demócrata con su equipo de ejecutivos iba a ser más capaz, poderoso y responsable que los presidentes del viejo régimen con sus tecnócratas politizados. Se creyeron el axioma el Presidente, sus asesores, gran sector del empresariado, algunos intelectuales con partido tomado y un buen número de ciudadanos. El 2000 fue la falsa conciencia de la democracia en su apogeo.

El espíritu del 2006 es otro, es el año de la democracia fea, molesta, difícil, en el que son pocos los que no caben de contento. Una campaña innoble, una elección pareja en resultados, el IFE sin aplausos con su trabajo de organización de las elecciones cuestionado, un Tribunal que ha debido juzgar en un ambiente contaminado por el prejuicio y al que le regatean méritos, un candidato perdedor que no acepta su derrota electoral y llama a la resistencia, ocupa arbitrariamente espacios emblemáticos de la capital, camina al borde del precipicio extrainstitucional y está bajo sospecha internacional. Además, un presidente Fox inhabilitado para tomar la palabra y decir algo con autoridad moral en un momento tan crítico del país, desacreditado por su parcialidad e intemperancias, considerado también el principal riesgo para la validez de las elecciones. En suma, un régimen democrático desfigurado, desagradable y en alta tensión.

La democracia del 2006 sabe que tiene más problemas que respuestas. Los datos duros están ahí: una oposición recia en las Cámaras y acaso en las calles, una sociedad que ha dejado de ser candorosa respecto de las capacidades de los gobiernos libremente elegidos, un PRI consciente de su papel político decisivo en los años que vienen y cuatro partidos que serán fundamentales para las reformas según las coaliciones legislativas que decidan. Las cuentas alegres del éxito económico y la equidad social que la democracia produce se volverán posibilidades reales a condición de que los gobernantes elegidos más que presumir sus virtudes como en el pasado sean capaces de hablar menos y trabajar más para llegar a los acuerdos que se requieren con los actores políticos de la oposición y con los actores sociales que padecen la desigualdad y la pobreza.

La democracia del 2006 ha perdido su inocencia y triunfalismo, se sabe ahora limitada y emproblemada. Va a ser un arranque de sexenio feo, tenso, lento, en el que ningún político y partido podrá ya alcanzar algo socialmente significativo por cuenta propia y deberá coproducir con los demás los objetivos de acción del gobierno y las políticas, integrando las posiciones sustentables del opositor para llegar a un acuerdo y poder operar. Las circunstancias del 2006 obligan a la democracia a regresar a la política, a hacer política. Esta es la buena noticia. La democracia se presenta finalmente como práctica política y no sólo como valor político o ensoñación de buen gobierno por definición.

El presidente electo Calderón y el PAN deberán tomar o han ya tomado conciencia de la difícil situación y tendrán inteligentemente que distanciarse del estilo de la Presidencia reciente, marcado por la complacencia, el soliloquio mediático y la exclusión de opositores. La democracia excluyente termina y empieza la de inclusión. También, en la nueva circunstancia, la política como pura locución, discurso, prédica, ha perdido sentido. Hay que actuar, tomar la iniciativa, dejar las oficinas y los micrófonos, salir a dialogar, convencer, negociar, pactar, moverse y movilizar a los muchos actores económicos y sociales. La democracia federal que va a funcionar es la de un Presidente activo que no sólo propone y espera lo que los legisladores dispongan, sino que se hace cargo de impulsar sus propuestas, justificarlas, pactarlas. Se exige también un Congreso activo, que entiende la improductividad de los belicismos excluyentes entre las fracciones y pone a trabajar al máximo las capacidades de los legisladores para encontrar acuerdos básicos en los temas públicos que importan a los ciudadanos y que importa a la democracia para no ser el desgobierno que se reproduce.

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Mi nombre es José Luis Hernández Estrada y soy estudiante de la Maestría en Análisis Político y Medios de Información en ITESM

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